Mi esposo ya no me busca
Las razones por las que el esposo no busca a su esposa pueden deberse
a diversas razones. Es entendido que cuando nos ennoviamos y comenzamos a vivir
juntos, además de todo lo que conlleva compartir la vida con alguien está
también la intimidad, pero es probable que pasado un tiempo ya el acto sexual
sea bastante esporádico o inexistente ¿Es una razón para considerar que no me
quieren? No necesariamente. Tratándose de personas ya algo entradas en años que
deciden hacer una vida en común es probable que esa llama sexual ya no tenga la
misma combustión que en la juventud y cuando se trata de personas que siempre
vivieron solas (con pocos o ningún encuentro sexual) y decidieron tener esa
relación, tal vez aprendieron a mostrar poco interés por la intimidad sin que
ello signifique que no existe amor o afecto entre ellos.
Pero la regla general es que cuando no hay intimidad algo podría estar yendo mal. En el caso del sexo masculino, los hombres se mueven por lo que ven, por consiguiente, si la mujer con la que decidieron hacer su vida, no aparta un tiempo para arreglarse, para lucir atractiva para su pareja, porque está todo el tiempo afanada por los trabajos de la casa o a las ocupaciones a la que se dedique, aquel no se sentirá motivado por la intimidad. Unas uñas pintadas, unos pies cuidados (sobre todo en sandalias o zapatos altos), un atuendo provocativo en casa o a la hora de irse a la cama son detonantes clásicos del apetito sexual del hombre. En muchos casos la mujer además de no arreglarse en lo absoluto tampoco incita de otras maneras a su esposo quizás por considerar que de hacerlo “quedaría como una cualquiera ante su pareja”. Debemos señalar así mismo que también el hombre debe arreglarse y permanecer atractivo para su esposa.
En esta situación no podemos
decir que él haya dejado de quererla sino que su pareja no lo incita
sexualmente. Y existe una infinidad de casos de mujeres muy buenas, dedicadas a
su casa y a su marido, que se desviven porque nada les falte pero se descuidan
en los aspectos ya mencionados. Si el hombre viene de su trabajo y de la calle,
donde abundan aquellas féminas “de punta en blanco” y llega a la casa para
encontrarse a la “costilla” desarreglada, en algunos casos olorosa a sudor, en
una situación en absoluto sensual, es probable que el sexo sea en lo último que
piense. De manera que, por más trabajo al que se dedique la mujer en el hogar
debe tomarse un tiempo para ella, para arreglarse y lucirle atractiva al
esposo, sino durante todo el día, si para la hora en que vuelve a casa. Cuando menos debe hacer un alto en el trabajo
y ocuparse de si misma.
Pero ¿Qué pasa cuando la mujer
asume la conducta contraria y se mantiene atractiva para su marido y este no la
busca? En este caso es viable pensar que
la atracción de él podría haber fenecido o que la atención del esposo podría
haberse enclavado en un estímulo externo a la relación, hablamos de una posible
infidelidad.
Y esta realidad es aplicable
también al caso en que ya la mujer no desee tener intimidad con el hombre. Por
supuesto que también entran en juego razones como “él no me sabe satisfacer”,
“no es bueno haciendo el amor”, “no logro con él lo que aspiro en el sexo”, no
obstante, estos son detalles que pueden ser tratados cuando hay una buena
comunicación en la pareja y cuando, obviamente, no existe alguien más.
Otro de los flagelos que pueden
lesionar la intimidad en la pareja es la gordura, si, la gordura. Aunque pueda
sonar duro, la gordura es una deformidad corporal y como tal puede despojar de
un plumazo la sensualidad del hombre o de la mujer. ¿Pero no existen parejas de
personas obesas? Por supuesto, pero por lo general se trata de personas que se
conocen ya con sus deformidades y deciden tener una relación, no podemos
olvidar que a un porcentaje de la gente (mínimo desafortunadamente) le gustan
los obesos, incluso pueden comenzar delgados y engordar ambos durante la
relación.
El problema reside en el hecho de
que dos personas se conocen delgadas y comienzan una relación pero pasado un
tiempo una de ellas comienza a engordar indefectiblemente. Quien comienza a
engordar debe entender que su pareja no le conoció así y, sobre todo las
mujeres (que después de tener los hijos sufren transformaciones producto de los
cambios hormonales) deben tener mucho cuidado en este sentido, pues, en una
gran cantidad de casos, podrían haber dejado de ser “apetitosas” para sus
cónyuges. Y esto no conlleva necesariamente a la ruptura de la relación porque
muchas veces el hombre se niega a dejar a su esposa “por ser la madre de sus
hijos”, pero si podría ser una fuente de infidelidades, tampoco es válido decir
que “eso es si no sabes a quien tienes en la casa”, porque nadie está obligado
a tolerar tus excesos por el hecho de ser tu esposo(a).
No puede afirmarse que todo en la vida sea sencillo, no, las cosas
requieren esfuerzo y dedicación y evitar “ponerse como una vaca” es una
cuestión de trabajo con dietas, gimnasios y todo eso. Y debería ser el propio
esposo quien se queje del continuo aumento de peso de su mujer o viceversa y
busque las maneras de restablecer esta situación (de hecho, hay casos en que el
esposo emite sus quejas por la creciente obesidad de su esposa pero esta última
no toma sus observaciones en serio o no está dispuesta a renunciar a los
suculentos manjares que involucra su ingesta por quejas de su esposo).
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