El Espacio en la Pareja
Un cliché bastante usado en Hollywood es el del ver al hombre que
llega a casa mientras su esposa permanece encerrada en su estudio de pintura y aquel
le recomienda a los hijos no molestar a su madre o ver al hombre que pasa
largas horas en su estudio y a la esposa se asegura de que nadie le perturbe en
ese tiempo ¿Pero son simples clichés o una realidad?
Uno de los eufemismos bastante adoptados en asuntos del matrimonio es el “juntos para siempre” y es que se supone que si yo me decidí a vivir con alguien es porque deseaba pasar el resto de mi vida con él(ella). Pero este “juntos para siempre” puede derivar en ciertos síntomas que de alguna manera se desvinculan de tal postulado, un ejemplo de ellos es la mujer que dice “es que a mí no me gusta tener al hombre todo en día en la casa” o “mi novio y yo somos él por allá y yo por aquí”, “el viene, pasamos uno o dos días juntos, la pasamos bien y después cada quien por su lado”.
¿Se trata de parejas liberales? Pues la verdad es que no, hablamos de personas que inconscientemente han descubierto la necesidad de que cada miembro de la relación tenga su espacio. Y no se trata de que los miembros de estas parejas, por estar unos instantes solos, sean más propensos a la infidelidad, su razón se explica en el hecho de que cada miembro sabe complacerse con la compañía de su pareja pero también sabe disfrutar de sus momentos de soledad, en el caso de las mujeres, de no tener que estar durante ese tiempo atendiendo al esposo, sino que disfrutan de un tiempo libre para dedicarse a leer, al arregla del hogar, a pintar o a dedicarse a sus hobbyes. Y es que cuando se trata de la pareja habitual, en el que cada miembro demanda la presencia, en todo momento, de su compañero(a) no existen expresiones como “te extrañé”, esta es una frase propia de las parejas en las que cada miembro tiene su espacio, porque el “te extrañé” dimana de cierta estadía en la que no estábamos juntos y significa que el sentimiento sigue allí y nos motiva a reunirnos en los instantes que ya hemos acordado.
Pero este tipo de parejas no es común. Se dan generalmente cuando ambos contrayentes han vivido una parte importante de su vida solos y han entendido lo necesario que es vivir “solos con su soledad”, por lo que despojarse totalmente de eso no es un asunto al que quieran acceder ¿Por qué? Simplemente porque se trata de su propio espacio. Y es que ya desde el comienzo uno de los miembros de la relación puede recomendar a sus compañero no visitarles en ciertos días bien sea porque se dedicarán a limpiar, a realizar determinada actividad y, por consiguiente, no se ve motivada a hacer otra cosa (como atender a su compañero).
En las parejas habituales suelen salir a flote flagelos como los ya mencionados, sobre todo el “a mí no me gusta tener todo el tiempo el hombre en la casa”, en los que inconscientemente la pareja hace alusión a la necesidad de su propio espacio en la relación, porque desde que se casó, con el hombre todo el día trabajando en la calle, tuvo su propio espacio y ahora que este está de vacaciones ya no puede disfrutar de su soledad.
De manera que las mencionadas películas no pretenden mostrarnos sólo un cliché sino una realidad sana en la pareja, que cada miembro de la relación tenga su propio espacio, si se trata de un pintor, compositor, escultor, como suelen mostrarnos las películas (aunque sea una realidad poco probable en Latinoamérica) que pueda dedicarse a ello o a lo que sea sin ser perturbado por su pareja, pues se trata de su espacio.
Pero ese propio espacio también puede evidenciarse en otras prácticas, como por ejemplo, la necesidad de uno de los miembros de la relación de reunirse con sus grupos de amigos, de rodearse de personas a quien contarle sus cosas. En este caso, su propio espacio es el de compartir con otras personas más allá de la relación, no les gusta estar solos porque sus hobbyes u actividades de interés es el estar rodeados de personas. Sin embargo, cuando este tipo de conductas es demasiado frecuente, aun con la confianza que pueda haber, puede generar incomodidad en el compañero(a). En otras situaciones, ese propio espació suele reflejarse en las continuas visitas a la familia, como el hombre o la mujer que se la pasan todos los días o los fines de semana en casa de los padres, una conducta que también puede ser no vista con buenos ojos por el otro miembro de la relación.
No obstante y aun cuando cada quien decida en que invertir su propio espacio, quien escribe estas líneas se pronuncia más a favor de las parejas que requieren disfrutar de su espacio solos con su soledad.
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