¿Debo cambiar si me caso?

 


En probable que tocar este tópico haga saltar las fibras del orgullo y la suficiencia y que más de uno se exalte solo de escucharlo. Incluso, los entendidos en la materia hablan de que no se debe cambiar sino de “aprender nuevas formas de reaccionar y gestionar las emociones” en todo caso “no cambiar de esencia”. Pero la realidad es que hablamos de cambios así sea una simple gestión de emociones.

  ¿Por qué somos tan reacios a los cambios? Pues, por cuestiones del más puro y simple orgullo. Nos negamos a cambiar, y hacerlo por la pareja es un hecho que aparentemente nos minimiza como persona, mi pareja me conoció así y está obligada a aceptarme así. Es frecuente oír comentarios como “él sabe que yo soy así”. De algún modo consideramos que si nuestro entorno padres, hermanos, amigos toleran nuestras cuestionables conductas, la pareja también debe hacerlo. La gente no llega a tomar conciencia de que su grupo familiar o de amigos no está en todo momento a su lado como para que consideren lesiva dicha conducta (eso si ya no se lo han hecho saber). En todo caso, nos negamos a cambiar y cuando le preguntas a los miembros de una relación si cambiarían por su pareja inmediatamente te dirán que no.



Pero… ¿Qué habríamos de cambiar? ¿Tendría que cambiar totalmente? ¿Tendría que ser otra persona?

Nada de transformaciones trascendentales, por lo general sólo habría de cambiar para mejor y, por supuesto, en una gran cantidad de casos habría que alterar ciertos rasgos del carácter. Por ejemplo, cuando soy de los que por cualquier cosa alzan la voz y “pegan tres gritos”. Y aquí no se vale decir “es que yo soy así” porque nadie está obligado a soportar los abruptos accesos de ira de alguna persona, de manera que debes cambiar, al menos si te importa tu pareja. Otro ejemplo de esos cambios es el del comediante desmedido, es decir, aquel que al hacer bromas entre sus grupos de amigos expone aspectos de la relación o de su pareja que en ningún caso deberían ser divulgados, causando una experiencia vergonzosa para su compañero(a), por consiguiente, si eres chistoso debes saber poner límites a tus bromas. Y es que esos cambios siempre deberían ir a mejor, por ejemplo, si en tu soltería eras alguien a quien no le gustaba la cocina, podría ser necesario que cambiaras ese aspecto si tu pareja, en cualquier circunstancia, te solicita una mano con la preparación de los alimentos, sobre todo si, al igual que tú, permanece ocho horas en la calle en su jornada laboral. Y es que, a veces, el no contribuir con los trabajos de la cocina podría venir arraigado de dogmas familiares, como el de la madre que nunca permitió que sus hijos varones intervinieran en esa área del hogar porque era un “trabajo de la mujer”, lo mismo podría decirse en relación al resto de las tareas domésticas.  



Pero también están los casos en los que el cambio de uno de los miembros de la pareja no va para mejor o al menos no aportaría un punto positivo a la relación, sino que vendrían a obedecer a caprichos de la pareja y a afianzar vicios o problemas que ya tiene la relación, una situación típica es la pareja altamente celosa que siempre quiere saber dónde está su compañero(a) y que a cada momento necesitan tenerle perfectamente ubicado. Es probable que alguien que solo ve necesario decirle a su pareja hacia dónde va cambie dicha actitud a solicitud de su cónyuge y que ahora deba contactarle a cada hora para participarle donde se encuentra. Si bien podría decirse que el miembro de la relación que amoldó su conducta a solicitud de su pareja sólo está obrando para mantener su relación, realmente está actuando por perpetuar un poco más una situación enfermiza y que sin lugar a dudas podría terminar más pronto de lo que se imagina. Aquí es válido el dicho de “ni tan calvo ni con dos pelucas”. Es necesario determinar cuáles aspectos deben ser cambiados para evitar agraviar, vejar u ofender a la pareja y cuales obedecerían a caprichos patológicos de mi compañero(a). A simple vista esto parece fácil, pero en muchos casos, los sentimientos que fluyen en una relación pueden llevar a alguno de sus miembros a realizar cambios o a asumir conductas que cualquiera talaría de denigrantes o insanas, hablamos pues de transformaciones que en ningún momento alguien que se respete o que tenga suficiente dignidad debería evidenciar.


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