¿Debo cambiar si me caso?
En probable que tocar este tópico haga saltar las fibras del orgullo y
la suficiencia y que más de uno se exalte solo de escucharlo. Incluso, los
entendidos en la materia hablan de que no se debe cambiar sino de “aprender
nuevas formas de reaccionar y gestionar las emociones” en todo caso “no cambiar
de esencia”. Pero la realidad es que hablamos de cambios así sea una simple
gestión de emociones.
Pero… ¿Qué habríamos de cambiar?
¿Tendría que cambiar totalmente? ¿Tendría que ser otra persona?
Nada de transformaciones trascendentales,
por lo general sólo habría de cambiar para mejor y, por supuesto, en una gran
cantidad de casos habría que alterar ciertos rasgos del carácter. Por ejemplo, cuando
soy de los que por cualquier cosa alzan la voz y “pegan tres gritos”. Y aquí no
se vale decir “es que yo soy así” porque nadie está obligado a soportar los
abruptos accesos de ira de alguna persona, de manera que debes cambiar, al
menos si te importa tu pareja. Otro ejemplo de esos cambios es el del comediante
desmedido, es decir, aquel que al hacer bromas entre sus grupos de amigos
expone aspectos de la relación o de su pareja que en ningún caso deberían ser
divulgados, causando una experiencia vergonzosa para su compañero(a), por
consiguiente, si eres chistoso debes saber poner límites a tus bromas. Y es que
esos cambios siempre deberían ir a mejor, por ejemplo, si en tu soltería eras
alguien a quien no le gustaba la cocina, podría ser necesario que cambiaras ese
aspecto si tu pareja, en cualquier circunstancia, te solicita una mano con la
preparación de los alimentos, sobre todo si, al igual que tú, permanece ocho
horas en la calle en su jornada laboral. Y es que, a veces, el no contribuir
con los trabajos de la cocina podría venir arraigado de dogmas familiares, como
el de la madre que nunca permitió que sus hijos varones intervinieran en esa
área del hogar porque era un “trabajo de la mujer”, lo mismo podría decirse en
relación al resto de las tareas domésticas.
Pero también están los casos en los que el cambio de uno de los
miembros de la pareja no va para mejor o al menos no aportaría un punto
positivo a la relación, sino que vendrían a obedecer a caprichos de la pareja y
a afianzar vicios o problemas que ya tiene la relación, una situación típica es
la pareja altamente celosa que siempre quiere saber dónde está su compañero(a)
y que a cada momento necesitan tenerle perfectamente ubicado. Es probable que
alguien que solo ve necesario decirle a su pareja hacia dónde va cambie dicha
actitud a solicitud de su cónyuge y que ahora deba contactarle a cada hora para
participarle donde se encuentra. Si bien podría decirse que el miembro de la
relación que amoldó su conducta a solicitud de su pareja sólo está obrando para
mantener su relación, realmente está actuando por perpetuar un poco más una situación
enfermiza y que sin lugar a dudas podría terminar más pronto de lo que se
imagina. Aquí es válido el dicho de “ni tan calvo ni con dos pelucas”. Es
necesario determinar cuáles aspectos deben ser cambiados para evitar agraviar,
vejar u ofender a la pareja y cuales obedecerían a caprichos patológicos de mi
compañero(a). A simple vista esto parece fácil, pero en muchos casos, los
sentimientos que fluyen en una relación pueden llevar a alguno de sus miembros
a realizar cambios o a asumir conductas que cualquiera talaría de denigrantes o
insanas, hablamos pues de transformaciones que en ningún momento alguien que se
respete o que tenga suficiente dignidad debería evidenciar.
Comments
Post a Comment